Las 53 cosas que puedes llegar a hacer con una cerveza en la mano

27
Nov
7

Hola amigos y aspirantes a vivir como Marichalar,

Llevamos tiempo alejados de los focos de la blogosfera, lo sabemos. Pero es que nos merecíamos un descanso. Tras ser devorados por las fauces del éxito con nuestro CM #2 se han sucedido una serie de acontecimientos que nos han obligado a borrarnos del mapa temporalmente. Por ejemplo: el encuentro con Obama y el fundador de Google en la Casa Blanca, el saque de honor del Mundial de Voley Playa Femenino y Sin Ropa allá en Melbourne, las dos semanas con Hugh Hefner en su mansión Playboy y, sobre todo, la invitación por parte de Spielberg para escribir la séptima parte de Tiburón. Para esto último hemos pensado en que Tiburón irá anunciando sus ataques vía Twitter, se enamorará de Meg Ryan tras conocerla en el Acuario de Terra Mítica y alguna sorpresa más que iremos desvelando (Ramoncín devorado y un guiño a nuestros perfiles en Facebook saldrán seguro).

Dejándonos de tonterías, que nos hemos comprado la Wii con el Zelda estado rascando el downtown durante un tiempo. Pero ya estamos de vuelta, amigos. Y por ello, antes de empezar con los chicharrones, un recordatorio: aún podeis hacer donaciones a través del botón de Paypal que tenemos en la barra lateral. Ya no por nosotros que, como sabéis, nos sobra el dinero, sino por el pobre Josep María Paypal, que con esto de la crisis lo está pasando mal y llega apuraillo a final de mes.

Al turrón. Unos cuantos posts atrás os planteamos una lista de cosas que podríais hacer si viajáis a EE.UU., todo ello porque estábamos pensando hacer ese viaje. Como por causas de fuerza mayor este viaje se ha cancelado, un día dijimos “venga va, vamos a emborracharnos para ahogar las penas, que un día es un día”. Así, sentados en una ilustre terraza de Poble Sec tocando nuestras arpas de boca y bebiéndonos unos refrigerios con más alcohol que la enfermería de Pearl Harbour, nos dijimos: “Tío, ¿y la de cosas que se pueden hacer con una cerveza en la mano?”

Dicho y hecho.

Aquí lo teneis amigos: LAS 53 COSAS QUE SE PUEDEN HACER CON UNA CERVEZA EN LA MANO.

1. Bailar el “Follow the Lider, Lider, Lider” con toda la camiseta sudada mientras persigues a una señorita por la plaza del pueblo.

2. Brindar por los fallecidos en las guerras púbicas del 1914 al grito de “Nasdrobia!”.

3. Checkear la bandeja de entrada del Facebook con la mano mala.

4. Derramar la mitad de su contenido sobre un disco de Pete Doherty sin despeinarte.

5. Echar de beber al gato.

6. Subirte al escenario mientras está tocando Russian Red y hacer un Moonwalk folkie.

7. Cantarle una saeta a la Virgen de los Remedios con la otra mano puesta en el pecho y un cigarrito en la oreja.

8. Correr los 100 metros contra Usain Bolt, no derramar ni una gota y encima ganarle vacilando en jazz.

9. Verterla por encima de un portátil que usa Windows Vista.

10. Entrar en la SGAE y lanzar el vaso contra un poster de Ramoncín.

11. Hacer esto mismo pero grabándolo en video para después subirlo a la página de El Jueves. Consejo: esperar represalias.

12. Entrar en una reunión de Alcohólicos Anónimos, sentarte con ellos y confiar en que te increpen.

13. Invitar a un par de buches (aka glops) a Paquirrín e intentar que te cuele como invitado en un programa de la farándula.

14. Intentar poner la cerveza en lo alto del burro del Tozudo sin que se caiga.

15. Levantar la botella al cielo, gritando “METAAAAALLLLLLLLL!!!!!”

16. Quitar las etiquetas del botellín, dando así una sexual impresión de inquietud y nerviosismo.

17. Hacerla desaparecer con un viejo truco de Magic Andreu y dejar a tu público atónito. Opcional: colgarse luego una medalla.

18. Jugar al juego de la botella con 5 Suicide Girls en braguitas. Consejo: no quitar la chapa protectora in the beginning.

19. Meterte el botellín debajo de la camiseta, moverlo un poco y gritar “Por Crom! Tengo un alien dentro!!!”

20. Colgar sábanas en el tendedero de casa. Podrás comprobar que fácil, lo que se dice fácil, no es.

21. Intentar actualizar todo el Service Pack del Windows Vista sin terminar tirándote la cerveza por encima.

22. Tras llegar del Razzmatazz y haberte bebido 27 cubatas pagados con VISA, intentar desnudarte completamente sin soltar la cerveza y sin que tu acompañante femenina, Eleonor (35 años, natural de Lancastershire y adicta al frapuccino del Starbucks con extra de nata y chocolate caliente), se ría de ti un ápice.

23. Entrar en la sede de la RAE, subirte a una mesa, agitar la cerveza y rociar de espuma a los aplicados académicos al grito de “THIS… IS… ENCAAAAARTAAAAAA”. Imprescindible: llevar un ejemplar en CD de dicha enciclopedia en la otra mano, aportará credibilidad.

24. Sentarte en una terraza de la Barceloneta en Agosto y poner a prueba tu autocontrol en la ingesta de bebidas alcohólicas.

25. Ir a un karaoke y cantar “Bailar pegados no es bailar” agarrado al extintor contra incendios que te encontraste casualmente en la salida de emergencia.

26. Ver un Barça – Madrid en una peña independentista de Gracia y verter el contenido del vaso sobre la cabeza de la persona que tengas delante cuando marque el guapo de Cristiano Ronaldo. Consejo: cálzate tu mejor calzado de running.

27. Vestirte de Batman y aparecer, cerveza en mano, en tu oficina del Banco Pastor. Llegar a fin de mes no llegarás, pero ten por seguro que hablarán de ti en la oficina hasta el fin de los días (es decir, hasta que Woody Allen gane un mundial de boxeo).

28. Leerte la edición sin dibujos de “El Silmarillion” del tirón y aguantarse las ganas, sin morderse las uñas, de reventar la cerveza en la cabeza de un hobbit o de un señor bajito.

29. Usar la cerveza a modo de castañuelas en un concierto de Caliban, en medio de un Wall of Death.

30. Darle las gracias a la simpática y guapa camarera de Apolo 2 por haberte invitado al preciado líquido elemento en cuestión.

31. Insertar en la botella un par de Mentos, para comprobar que los vídeos que ves en YouTube no son leche y picón.

32. Acercarte a una tailandesa de 17 años y decirle: “Hey, muñeca, ¿has escuchado el nuevo de Tokyo Hotel?”.

33. Intentar entrar vestido de chándal en el Pachá Barcelona por la puerta principal, con porteros como Corney Thompson de grandes, y decir “No, no, si esta cerveza la he comprado dentro. He salido a hablar por teléfono…” mientras enseñas una calcamonía de los Thundercats que te has puesto previamente en la muñeca.

34. Hablar con tu parej@ cerveza en mano, cigarrito en la otra y decirle con la cara DE SOBRADO’S de los Beckham desfilando por Hollywood Boulevard: “Creo que necesitamos conocer a otras personas. Bueno, sinceramente, yo ya las he conocido”. Axioma: el líquido no durará más de 2 minutos en el vaso. O te lo bebes vacilando en guapo, o te la tiran a la cara.

35. Ponértela en la cabeza en la boda de tu primo y, sin aguantarla con la mano, bailar “El meneíto, el meneíto”. Axioma: las abuelas de la familia se reirán gritando como condenadas.

36. Ir a Gibraltar y tirarle la cerveza a la cara a uno de los guardias que no se mueven. Esperar acontecimientos.

37. Ir al mitin del [introduzca su partido político odiado], levantarte cuando hable [introduzca aquí su político odiado] y grite con toda su alma: “Señoría, ¿le apetezco?” mientras hace unos Huevos de León. Esperar acontecimientos.

38. Entrar con la cerveza en la tienda Gucci de Paseo de Gracia, coger unos zapatos de 50.000 euros y gritarle a la dependienta “THIS… IS… ESPAAAARTOOOOOO”. Consejo: si no te has duchado en 16 días, mayor el impacto.

39. Ir a una tienda Apple y verter el contenido sobre un iMac de 4.000 euros. Esperar acontecimientos.

40. Aguantar el vaso mientras bates 8 huevos para hacer una tortilla. Es IMPOSIBLE batirlos bien.

41. Quedarte completamente quieto delante de un mimo de Las Ramblas, mirándolo a los ojos y sin esbozar sonrisa alguna, sin que este sienta inquietud o incluso cierto temor.

42. Aguantar el vaso mientras andas rápido bajando una cuesta pronunciada o unas escaleras de escalón ancho. Es IMPOSIBLE no tirarte la mitad encima.

43. Entrar en la habitación de tu compañer@ de piso mientras duerme, saltar en lo alto y decirle que le quieres. Recomendación: si eres hombre, déjate barba. El Efecto Lija en su espalda desnuda es impagable.

44. Ir al Bernabéu y cantar a grito pelao “Els Segadors” justo después de que Puyol se bese la bandera de Catalunya tras marcarle al Madrid. Consejo: si consigues hacerlo por la megafonía del estadio, a los tres días cambian el nombre de Avinguda Diagonal por el de Avinguda de [Introduce tu nombre aquí].

45. Entregarla como si fuera un bote de orina en un control antidopaje. Cuando la analicen, San Miguel y Estrella Damm se pelearán por los derechos de tu historia para hacer una película.

46. Tirársela a la cara a Llongueras por hablar así de desagradable.

47. Jugar contra ella al tres en raya. Axioma: si te termina ganando, háztelo mirar.

48. Comprarte una trompeta. No sabemos a qué viene esto, pero Maradona es un subnormal y ahí está forrándose de billetes.

49. Hacerte una foto desnudo tapándote la pollastra con la cerveza y mostrando una foto del tío ese guay que representa a la SGAE, subirla al Facebook con el título de “Ramoncín, eres el padre de mi hijo”, etiquetar a todos tus amigos digitales y sentarte a esperar a que te cierren la cuenta por injurias.

50. Ir a una conferencia de Bill Gates y no vomitar del asco.

51. Ir a un concierto de No Means No gritando todo el rato “SI” entre canción y canción.

52. Jugar contra ella al Monopoly. Axioma: si ves que consigue poner hoteles en las calles azules, en las verdes y en las amarillas, es el momento de retirarse del juego.

Y, por último:

53. Bebértela.

Las 5 Frases que nunca debes decir delante de tu jefe despues de beberte 7 refrescos

30
Jul
4

Hola amigos,

 

Asistir a reuniones de Departamento encierra un peligro que a veces, insensatos de nosotros, no alcanzamos a calibrar en su justa y necesaria medida. En la mayoría de los casos, y a pesar de la tan manida revolución en management 2.0 de la que se habla cada vez más (esa que dice que tu jefe debe ser un tio perita que te invita a cañas y te envía emails con fotos de tías en bolas), repito, en la mayoría de los casos tus superiores suelen ser entes abstractos. Personas que están ahí, que viajan, que comen en sitios guay’s, que fruncen el ceño mirando tablas de Excel, que no saben lo que es un blog o que te banean el acceso a Myspace por su alto contenido en sexo explícito. Luego él seguramente asista a locales de Lindy Hop o le guste que lo sodomicen. Pero él, como adalid de lo que es bueno para tu sucia y esponjosa mente, te corta el acceso al Twitter.

 

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“¿Dónde reside el peligro entonces, tío bueno, macizo, que te metía de todo menos dinero en el banco?” os preguntaréis algunos.

¿Reside el peligro en que tu jefe te proponga un meeting privado en su habitación?

¿Quizás reside el peligro en que te enganche dos horas en la cena para hablarte de [a] sus tiempos de mozo joven, en los que perseguía a muchachas por las calles al ritmo de Caco Senante o [b] lo interesante del nuevo horizonte que se abre tras la crisis en los mercados emergentes de sosa cáustica?

¿O reside el peligro en que te quieran llevar a un club de alterne, como todos los años, cargando los gastos a la cuenta de explotación como “Gastos de Representación” y tú, como eres el nuevo, tengas que mantener relaciones con aquella meretriz que siempre entrevistan en Callejeros?

 

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No amigos, no. Es más sencillo que todo esto. Los subordinados, por naturaleza, somos entes volátiles de fácil exaltación. O gente que mea más que bebe, como lo queráis llamar. Normalmente nuestro contacto con el cuerpo directivo es, como diría mi padre, cortito y con sifón. Ergo es normal que, tras dos copas de vino, entables conversaciones pseudoprofundas con algún Market Manager para tratar de agradar al nota’s de turno y que en el próximo Proletariado’s Evaluation Meeting te suban un 3% de sueldo y así puedas comprarte por fin el Ferrari que siempre anhelaste. Lo que no es normal es que, tras dos botellas de vino a cara perro y tres combinados de alto pelaje, trates al Market Manager como si fuera El Lobi, ese grandísimo amigo tuyo que hace marionetas con el pene.

 

Aquí reside el peligro, amigos y jóvenes aspirantes a erradicar la SGAE.

 

El peligro asociado al momento en que te relajas, te creces por el chiste anterior que hizo gracia, ves que te tratan como a uno más e, ipso factum gel, comienzas a soltar toda la mierda que llevas acumulando durante los tres días que dura la convención.

Para nosotros, y desde nuestra siempre humilde opinión, hay Cinco Frases que nunca se deben pronunciar delante de un superior. Hay muchas más, cierto es, pero esto es como los azucarillos y los cánidos: mejor en pocas dosis, que si no os quedaréis ciegos.

 

Ahí van.

 

Frase 1 – “Pues yo a la Romina Soler le metía todo lo gordo”. Siendo esta señora  la responsable de RR.HH. en España y Portugal, la cual tiene un affaire con el Digital Manager que nadie sabe. Bueno, ellos si lo saben, porque en horas de oficina se restriegan los genitales a razón de cuarto por hora.

Frase 2 – “¿Alguien quiere otro cubatilla, que pago yo?”. Recuerda que el jefe no bebe Larios, sino algo así como Ginebra John Stockton, a 700 euros la botella en Harrod’s y distribuidores especializados como el Spar. Y decir cubatilla te rebajara ante ellos a un grado de subnormalidad el cual, por suerte, te importa casi tanto como que Coto Matamoros haya decidido suicidarse.

Frase 3 – “Yo por ir a ese congreso en EE.UU. me follo a quien haga falta”. Todo esto de pie mientras el resto está sentado en la mesa, disfrutando de un solomillo poco hecho. Suponiendo que eres hombre, solo quedarás como un salido, un gilipollas, un borracho o todo junto. Si suponemos que eres mujer, y digamos que el machismo está bastante implantado en la oficina como suele ser, quedarás como una zorra a la cual hay que ascender rápido. Ambicioso, sí, pero peligroso. O es que no has visto La Hoguera de las Vanidades.

Frase 4 – “Pues yo a la Claudia San Juan le metía todo lo gordo”. Cuando Claudia San Juan es una chica la cual es tímida no porque sea así de encantadora y tenga ese bien estar que rezuma por los poros, sino que es tímida porque tiene graves problemas depresivos debido a que el Controller Financiero la aborda en la sala del café con lindas frases como “tengo el asiento contable rebosando, ¿me ayudas a aprovisionar la Gran Cuenta?”

Frase 5 – “Me gusta lo que hago, y quiero ascender rápido”. Si dices esto, ESTÁS MUERTO. Tu jefe te invitará a su casa a comer, conocerás a su mujer Cindy (venezolana de grandes pechos y responsable de negocio para EMEA de Hamburguelas Uranga Corp.), empezarás a acudir a reuniones del Club de Polo de Limón en las cuales tu jefe te iniciará en los puros habanos y el cognac francés de mil duros, ascenderás rápido, te hipotecarás hasta el hipotálamo, te casarás con la hija del Reverendo Matthews, tendrás hijos rubios y con tendencias a la drogadicción, vivirás en las afueras en una casa con barbacoa y sala de proyección y, cuando te quieras dar cuenta, estarás esnifando cocaína en un baño de mármol negro justo antes de entrar en una reunión del Consejo de Dirección.

 

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También puede ocurrir que el Operations Manager te siga el rollo tras 6 leñazos y, tras confesarle que le metías todo lo gordo a Romina Soler, te diga algo así como “chaval, mientras yo siga en esta empresa, aquí tienes futuro”. Acto seguido le meterá cuello a una joven, le propondrá bañarse en la playa y retozar en la arena, la joven rechazará la propuesta y el Operations Manager, despechado y con la mirada turbia por el Salamanquesa Scotch Whisky, se meterá debajo la ducha de la playa con ropa y Blackberry incluida. El día siguiente te mencionará en su presentación de departamento como “un ejemplo a seguir para los nuevos talentos de la empresa”, por tu dedicación y savoir faire.

 

Pero eso, amigos, es lo menos que nos merecemos.